Llamé la primera semana de julio para reservar y no me
dieron mesa hasta el 28 del mismo mes, la expectación era máxima, más tras la
recomendación que nos hicieron y leer las opiniones de los clientes en
distintos portales de opinión.
La recepción a nuestra llegada fue muy cordial, la
decoración es oriental y muy acogedora, incluso la iluminación tenue que invita
al sosiego y al disfrute gastronómico, la cocina está a la vista, situación muy
habitual en este tipo de restaurantes y tendencia que está adoptándose en otros
con distinto tipo de cocina.
Elegimos el menú degustación, muy variado en el que pruebas
los distintos tipos de productos, desde una ensalada de algas o sopa miso,
nigiris, makis, sashimi y demás variedades de la cocina japonesa, antes de
cenar pedimos cinco cañas Kirin y vino blanco Pago de Balagueses durante la
cena, la primera botella le faltaba temperatura y previendo que nos haría falta
otra, la pusieron a enfriar y esta segunda nos la trajeron a la temperatura
ideal.
Restaurante muy recomendable, tanto por la comida, como la
ambientación y el servicio.






