El domingo fue la “Crida” de la fallera mayor de Valencia, inaugurando oficialmente las fallas de 2012, esa fiesta que algunos denominan de los valencianos, pero que cada día más, es la fiesta de los falleros, ya que solo estos las disfrutan, los demás, las sufren.
Llega el momento de los cortes indiscriminados de calles, colocación del alumbrado, el montaje a partir del día 7 de las famosas carpas, esas que han aflorado con fuerza en los últimos años, modificación de las líneas de la EMT, la obstrucción de carriles bici, acceso de minusválidos y a garajes, los cuales pagan vado religiosamente todos los años.
Mención aparte merece la autoridad que de repente adquieren los falleros, los barrios se convierten en el salvaje Oeste, donde los falleros se ponen la placa de Sheriff en la solapa y durante una semana, siendo generosos (cada año las fallas duran más), son los dueños de la calle.
La fiesta de las fallas debería ser para el disfrute de todos los valencianos y se debería buscar una fórmula para que al que le guste pueda disfrutarlas y al que no, pueda salir de la ciudad mientras duren estas, ¿sería factible cambiar festivos (22 de enero, lunes de San Vicente tras Semana Santa) por días en la semana fallera?, es un pensamiento que me ronda la cabeza y a lo mejor sería una solución para paliar el sufrimiento de los que no les gusta las fallas, poder hacer una escapada esa semana.


